El “dividendo de la paz” se terminó: repensando la defensa en los portafolios 

El dividendo de la paz en el que muchos crecimos ha llegado a su fin. 

Estamos entrando en una nueva realidad geopolítica, en la que la inversión en defensa ya no puede ignorarse, incluso dentro de los portafolios con mayores restricciones éticas. Ya sea en un fondo de pensiones público, un family office o una fundación universitaria, la relevancia de la defensa —tanto desde una perspectiva de retornos como de gestión de riesgos— está aumentando rápidamente. La pregunta ya no es si debe considerarse la exposición a defensa, sino cómo abordarla. 

Contexto: una nueva normalidad estratégica 

En mis primeros años trabajando en un fondo de pensiones, la exposición a defensa era marginal, tanto en escala como en nivel de escrutinio. Hoy, en Axxets, esa conversación está cambiando. 

La guerra en Ucrania, las tensiones en el Mar del Sur de China y el aumento de las amenazas cibernéticas han dado lugar a un entorno multipolar, con alianzas fragmentadas y conflictos localizados. No se trata de episodios aislados, sino de un cambio estructural. El gasto en defensa ha dejado de ser cíclico para convertirse en un componente fundamental. 

Este cambio se refleja claramente en los mercados: 

  • Anduril en EE. UU. impulsa tecnología de defensa de uso dual en la frontera entre IA y autonomía. 
  • Rheinmetall gana relevancia a medida que Europa busca soberanía en defensa. 
  • La industria de defensa de Turquía se ha consolidado como potencia en drones y misiles. 
  • Incluso Nigeria está emergiendo como garante de seguridad dentro de ECOWAS, algo impensable hace una década. 

Ya no se trata solo de los actores tradicionales como Lockheed o Raytheon. La industria está evolucionando —y rápido. 

Insight #1: La defensa como infraestructura estratégica 

Una de las principales lecciones es que la defensa se asemeja cada vez más a sectores como energía o ciberseguridad: no es opcional, sino un pilar del funcionamiento del Estado. En muchas regiones, además, actúa como motor de empleo y fuente de transferencia tecnológica. 

Si bien los grandes contratistas siguen siendo relevantes, está emergiendo una ola de innovación en la intersección de software, IA y autonomía. Startups y capital de riesgo están modernizando el sector con soluciones escalables y modulares, con aplicaciones tanto militares como civiles. 

Para los asignadores de capital, esto implica que los puntos de entrada ya no se limitan a ETFs de defensa o a los grandes jugadores históricos. El capital privado está desempeñando un rol cada vez más relevante en la configuración del futuro del sector. 

Insight #2: Valuaciones y volatilidad importan 

La realidad es más compleja que el simple “la defensa está de vuelta”. No son raras las valuaciones elevadas, con múltiplos P/E cercanos a 40x. Al igual que en IA, la selectividad es clave y es necesario evaluar qué expectativas ya están incorporadas en los precios. 

A esto se suma el riesgo político y las restricciones a la exportación, que hacen de este un sector altamente sensible a cambios regulatorios. Un giro en la política exterior de EE. UU., por ejemplo, puede cancelar contratos de forma inmediata. 

En la práctica, esto nos lleva a priorizar: 

  • Tecnologías de uso dual con aplicaciones civiles. 
  • Actores locales con respaldo gubernamental y ventajas de costos. 
  • Proveedores en mercados vinculados a la OTAN que se adapten a nuevos marcos de contratación. 

Este enfoque no es solo una cuestión ética, sino también de construcción prudente de portafolios. 

Insight #3: Ética, exposición y el dilema de inversión 

En Axxets hemos tenido debates internos sobre cómo incorporar la defensa en los portafolios, buscando equilibrar la responsabilidad fiduciaria con los valores de las familias. 

La inversión en defensa no es binaria. 

Puede incluir tecnología de cadena de suministro, ciberseguridad, navegación de drones, sistemas de IA y plataformas de comunicación encriptada, cada una ubicada en un espectro que va de lo comercial a lo estrictamente militar. 

Al mismo tiempo, excluir completamente el sector también es una decisión, con sus propios costos. Evitar la conversación implica el riesgo de perder exposición a un sector que está redefiniendo el equilibrio de poder global y, por ende, los mercados. 

Reflexión final: no evitar la conversación 

La defensa ya no es una asignación de nicho ni opcional. Ya sea que la conclusión sea invertir o excluirla conscientemente por motivos éticos, la conversación debe darse. 

En un mundo donde la geopolítica influye directamente en los retornos, permanecer al margen también es una decisión, y debe tomarse de forma deliberada, no pasiva. 

¿Qué rol juega hoy la defensa en tu portafolio? ¿Es momento de revisar ese supuesto? 

Fuente: STATISTA

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